Mira que soy poco amante de los alimentos que se mueven debajo del agua...para qué lo vamos a negar. Porque a ver, me gusta el pescado, pero no es que me vuelva loca y siempre sea la primera opción en la que piense cuando preparo la comida o la cena. Ahora, el marisco ya es otro cantar, ése sí que me pirra, pero el pescado...pufffffff...
Bueno, y si ya nos ponemos a pensar en la cantidad de mercurio y otros materiales pesados que se jalan muchas especies, pues me diréis...lo que yo no sé es como algunos peces no se hunden directamente y en lugar de nadar se arrastren por las profundidades marinas...
Pero no es el caso del salmón. Podéis estar tranquilos, que la especie protagonista de esta receta va en plan sibarita y los metales ni los huele.
Así que a lo que voy, esta sopa con textura de crema es absoluta, irremediable, e irresistiblemente deliciosa. No habréis probado nada igual, os lo aseguro.
Os guste el salmón o no, una vez la probéis no dejaréis de prepararla.
Y lo digo con conocimiento de causa, porque el otro día tuvimos una comida con bastantes comensales de los que, incluso alguno no muy fan del salmón se comió dos platos, nada más y nada menos...
Dificultad: muy baja
Tiempo de preparación aproximado: 25-30 minutos
Raciones: 4 personas
INGREDIENTES
- 1/2 cebolla
- 1/2 puerro
- 2 patatas medianas
- 250g. de salmón (fresco o congelado)
- 200ml. de nata para cocinar
- 1 cucharada sopera de mantequilla
- 1 litro de caldo de pescado
- 1 hoja de laurel
- aceite de oliva virgen extra, sal, pimienta negra molida y perejil fresco




